Mitos
¿Por qué los zombis comen cerebros?
Todo el mundo sabe que los zombis comen cerebros. Lo curioso es que, en casi todas las películas de zombis, no lo hacen. La idea tiene autor, fecha y hasta una explicación bastante triste.
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Pídele a cualquiera que imite a un zombi. Estirará los brazos, arrastrará un pie y dirá, con voz cavernosa: «Ceeerebros…». Es la imagen universal del monstruo. Y es, también, un pequeño malentendido: en la inmensa mayoría de las películas, series y juegos del género, los zombis no tienen ningún interés especial por el cerebro.
Lo que comían los zombis de Romero
Los muertos de La noche de los muertos vivientes (1968), que son los que fijaron las reglas, comen carne humana. Toda. En la escena más famosa de la película se reparten brazos, vísceras y lo que encuentran, sin hacer distingos. Lo mismo ocurre en Zombi, en The Walking Dead y en casi todo lo que vino después.
De hecho, en ese universo el cerebro tiene el papel contrario: no es la comida, es el punto débil. A un zombi de Romero solo se le detiene destruyéndole la cabeza. Y los zombis haitianos originales, los del vudú, directamente no comían a nadie: eran esclavos, no depredadores.
1985: la película que lo cambió
El zombi que pide cerebros nace en una película concreta: El regreso de los muertos vivientes, escrita y dirigida por Dan O’Bannon y estrenada en 1985.
O’Bannon, que venía de escribir Alien, había recibido el encargo de hacer una secuela no oficial de la película de Romero y no quiso copiarla. Decidió llevarle la contraria en todo, con mucho humor: sus muertos corren, hablan, piensan, no mueren aunque les destroces la cabeza… y no quieren carne. Quieren, específicamente, cerebros. Lo dicen ellos mismos, a gritos, cada vez que ven a un vivo.
La explicación que nadie recuerda
Lo que casi todo el mundo ha olvidado es que la película daba un motivo, y no era un chiste. En una escena, los protagonistas atan a una mesa a la mitad superior de una mujer muerta hace décadas y le preguntan por qué lo hacen. Ella contesta:
—Por el dolor.
—¿Qué dolor?
—El dolor de estar muerto. Siento cómo me pudro.
—¿Y comer cerebros hace que te sientas mejor?
—Hace que el dolor desaparezca.
Estar muerto duele, y el cerebro de los vivos es lo único que lo alivia. En mitad de una comedia punk, es una de las ideas más desoladoras de todo el género.
Cómo un chiste se convirtió en la norma
El regreso de los muertos vivientes tuvo éxito, pero no tanto como para cambiar ella sola la imagen del monstruo. Lo que ocurrió después es un caso de manual de cómo se fabrica un tópico.
- La parodia lo prefirió. Un zombi que gime «cerebros» es mucho más fácil de imitar, y mucho más gracioso, que uno que simplemente muerde. La comedia televisiva de los noventa adoptó esa versión, con Los Simpson a la cabeza: en un especial de Halloween de 1992, los muertos de Springfield salen de sus tumbas pidiendo cerebros, y a Homer lo descartan tras darle unos golpecitos en la cabeza.
- Los dibujos animados y los juegos infantiles lo heredaron. Si hay que presentar un zombi a un niño, comerse un cerebro es más abstracto —y menos sangriento en pantalla— que devorar a una persona entera. De ahí sale directamente Plants vs. Zombies, donde perder la partida significa oír «¡se han comido tu cerebro!».
- El chiste tapó a la fuente. Hoy mucha más gente ha visto las parodias que la película parodiada, y da por hecho que siempre fue así.
Es un fenómeno parecido al de «Elemental, querido Watson» o «Tócala otra vez, Sam»: frases que todo el mundo atribuye a un original que nunca las dijo. Aquí el original sí lo dijo, pero era la excepción y no la regla.
¿Tendría algún sentido?
Biológicamente, no demasiado. El cerebro es un órgano muy graso y calórico, pero viene dentro de la caja más resistente del cuerpo. Un depredador con las manos torpes de un cadáver lo tendría mucho más fácil con cualquier otra parte.
Hay, eso sí, una coincidencia siniestra con la realidad. Una de las pocas enfermedades humanas ligadas al canibalismo es el kuru, que afectó durante el siglo XX al pueblo fore de Papúa Nueva Guinea. Se transmitía en los ritos funerarios, en los que los familiares comían el cuerpo del difunto, y se debía a unos agentes infecciosos llamados priones que se acumulan sobre todo en el tejido cerebral. Provocaba temblores, pérdida de coordinación y la muerte. No tiene nada que ver con los zombis, pero demuestra que, si de algún órgano conviene no alimentarse, es justo de ese.
Quién come qué: guía rápida
| Tipo de zombi | Qué come | Dónde |
|---|---|---|
| Vudú | Nada: trabaja | Yo anduve con un zombi |
| Muerto de Romero | Carne humana, toda | Zombi, The Walking Dead |
| Muerto de O’Bannon | Solo cerebros | El regreso de los muertos vivientes |
| Infectado | Nada: ataca y contagia | 28 días después, [•REC] |
| Zombi de comedia | Cerebros, por tradición | Los Simpson, Plants vs. Zombies |
| Zombi consciente | Cerebros, con remordimientos | iZombie, Memorias de un zombie adolescente |
La última fila es interesante. En los años 2010, varias historias recuperaron la idea de O’Bannon y le dieron una vuelta: en la serie iZombie y en Memorias de un zombie adolescente, comerse un cerebro permite al muerto revivir los recuerdos de su dueño. Es lo más parecido a sentir que le queda. Treinta años después, el chiste había vuelto a ser triste.
En resumen
- Los zombis clásicos comen carne humana en general, no cerebros.
- La idea de los cerebros nace en 1985, en El regreso de los muertos vivientes, como broma a costa de Romero.
- La película daba una razón: comerlos calma el dolor de estar muerto.
- Fueron las parodias, los dibujos animados y los videojuegos los que convirtieron la excepción en tópico.
Si quieres conocer al resto de la familia, tienes la clasificación completa en tipos de zombis.