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Ciencia

¿Podrían existir los zombis? Lo que dice la ciencia

La respuesta corta es que no. La larga es mucho más interesante, porque en la naturaleza hay parásitos que hacen con sus víctimas cosas que ningún guionista se atrevería a inventar.

7 min de lectura · Actualizado el

Texto generado con inteligencia artificial · Cómo trabajamos

Empecemos por despejar la duda: no, un apocalipsis zombi como el del cine no puede ocurrir. No hay ningún virus, hongo o sustancia capaz de levantar a un muerto, y las razones son de biología elemental. Pero casi todas las piezas del mito —un organismo que toma el control de otro, una enfermedad que se contagia mordiendo, un cuerpo que sigue andando sin que nadie lo dirija— existen por separado. Solo que no en nosotros.

Por qué un muerto no puede caminar

Moverse cuesta energía. Cada contracción muscular gasta una molécula llamada ATP, que las células fabrican con el oxígeno y la glucosa que les trae la sangre. Cuando el corazón se para, el suministro se corta y pasan tres cosas, en este orden:

  1. Las neuronas mueren en minutos. Sin cerebro que mande la orden, no hay movimiento coordinado.
  2. Llega el rigor mortis. A las pocas horas, los músculos se quedan sin ATP y se bloquean. Un cadáver reciente no es flexible: está rígido.
  3. Empieza la descomposición. En días, los tejidos se degradan. Un músculo podrido no tira de ningún hueso.

Un zombi clásico tendría que saltarse las tres. Caminar durante meses sin respirar, sin circulación y sin comer nada que pueda digerir viola, sencillamente, la conservación de la energía. Por eso la ficción moderna ha ido abandonando al muerto y prefiere al infectado: alguien vivo, que respira y come, con el cerebro alterado. Eso ya es otra conversación.

El hongo que conduce hormigas

En las selvas de Tailandia y Brasil vive un hongo llamado Ophiocordyceps unilateralis. Sus esporas caen sobre una hormiga carpintera, atraviesan su coraza y se multiplican por dentro. Al cabo de unos días, la hormiga hace algo que nunca haría: abandona el hormiguero, trepa por una planta hasta una altura concreta, con la humedad y la temperatura que al hongo le convienen, y clava las mandíbulas en el nervio de una hoja. Muere ahí, agarrada. Después, un tallo le brota de la cabeza y suelta esporas sobre el camino por el que pasan sus compañeras.

Es el modelo de The Last of Us y de Melanie, y es tan real como suena. Pero el detalle más inquietante se descubrió en 2017. Unos investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania reconstruyeron en tres dimensiones el interior de hormigas infectadas y vieron que el hongo forma una red alrededor de las fibras musculares de todo el cuerpo… y deja el cerebro intacto. No secuestra la mente de la hormiga: mueve el cuerpo como una marioneta, con la dueña posiblemente dentro, de pasajera.

¿Podría saltar a los humanos?

Es extraordinariamente improbable, por tres motivos:

  • La temperatura. La inmensa mayoría de los hongos no soporta los 37 °C de nuestro cuerpo. Es una de las grandes ventajas de tener sangre caliente.
  • La especialización. Cada especie de Ophiocordyceps ha evolucionado durante millones de años junto a una sola especie de hormiga. No infecta ni a la hormiga del árbol de al lado.
  • La escala. Manejar seis patas con un cerebro del tamaño de un grano de arena no tiene nada que ver con manejar a un mamífero.

Lo que sí preocupa a los micólogos es más prosaico: que el calentamiento global seleccione hongos cada vez más tolerantes al calor y, por tanto, más capaces de infectarnos. No nos convertirían en zombis; nos pondrían enfermos, que ya es bastante. La premisa de la serie exagera un problema que existe.

La rabia: lo más parecido que tenemos

Si un guionista tuviera que diseñar un virus zombi partiendo de algo real, elegiría la rabia. Lo tiene casi todo:

  • Se contagia por mordedura, a través de la saliva.
  • Viaja por los nervios hasta el cerebro y lo inflama.
  • Cambia la conducta: agitación, confusión, agresividad y, en muchos casos, el impulso de morder.
  • Provoca espasmos al intentar tragar, de ahí el miedo al agua y la saliva que cae.
  • Una vez aparecen los síntomas, es mortal casi en el cien por cien de los casos.

No es casualidad que los infectados de 28 días después padezcan un «virus de la rabia» ni que la plaga de Apocalipsis Z sea una variante suya. La rabia sigue matando a decenas de miles de personas al año en el mundo, casi siempre por mordeduras de perro.

¿Por qué no provoca un apocalipsis? Porque es un virus lento y torpe en lo que al contagio se refiere. La incubación dura semanas o meses, no segundos. No se transmite por el aire. El enfermo acaba paralizado y muere en pocos días. Y existe una vacuna que funciona incluso administrada después de la mordedura. La España peninsular lleva sin rabia terrestre autóctona desde 1978.

Los otros titiriteros

La naturaleza está llena de parásitos que alteran el comportamiento de su huésped para su propio beneficio. Algunos de los más conocidos:

ParásitoVíctimaQué le obliga a hacer
Avispa esmeralda (Ampulex compressa)CucarachaLe inyecta veneno en el cerebro y la lleva de la antena, dócil, hasta la madriguera donde la devorará su larva
Toxoplasma gondiiRatónPierde el miedo al olor del gato, donde el parásito necesita acabar para reproducirse
LeucochloridiumCaracolLe hincha los tentáculos, que palpitan como orugas de colores, y lo saca a la luz para que se lo coma un pájaro
Duela lanceolada (Dicrocoelium)HormigaTrepa cada noche a la punta de una brizna de hierba y espera a que una oveja se la trague
Gusano gordianoGrilloBusca agua y se tira a ella, donde el gusano sale a completar su ciclo

El caso de Toxoplasma merece una nota, porque a nosotros también nos infecta: se calcula que lo lleva en el cuerpo alrededor de un tercio de la humanidad, casi siempre sin síntomas. Hay estudios que lo asocian a cambios sutiles de conducta en personas, pero los resultados son discutidos y, en cualquier caso, nadie ha mordido a nadie.

El polvo zombi de Haití

¿Y los zombis originales, los del vudú? En los años ochenta, el etnobotánico Wade Davis propuso que los hechiceros haitianos usaban un preparado con tetrodotoxina, el veneno del pez globo, que en dosis exactas produciría una parálisis tan profunda que la víctima sería dada por muerta y enterrada. Después bastaría con desenterrarla y mantenerla drogada.

La hipótesis se hizo famosa y tiene un problema: cuando otros laboratorios analizaron las muestras, encontraron cantidades de toxina insignificantes o nulas. Hoy, la mayoría de los especialistas cree que los casos de «zombis» documentados en Haití se explican mejor por enfermedades mentales, daño cerebral y confusiones de identidad en un contexto cultural donde la creencia es muy fuerte. Contamos el trasfondo en el origen de los zombis.

Cuando la ciencia juega a los zombis

Que no existan no impide que los científicos se los tomen en serio como herramienta.

  • Matemáticas. En 2009, un equipo canadiense publicó un modelo epidemiológico de un brote zombi. Su conclusión —o se actúa pronto y con contundencia, o se pierde— es la misma que vale para una epidemia real. Nuestro simulador de brote se basa en esa idea.
  • Salud pública. En 2011, los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos lanzaron una campaña de preparación ante emergencias con el apocalipsis zombi como gancho. Tuvo tantas visitas que tumbó el servidor.
  • Defensa. Ese mismo año, mandos del ejército estadounidense redactaron un plan de respuesta ante una invasión zombi, conocido como CONPLAN 8888. Era un ejercicio de formación: usaron un enemigo imposible para que nadie confundiera el documento con un plan real.
  • Neurociencia. Dos neurocientíficos, Timothy Verstynen y Bradley Voytek, escribieron un libro entero diagnosticando al zombi de cine: qué áreas del cerebro tendría que tener dañadas para andar así, no reconocer a su familia y no poder controlar el impulso de morder.

En resumen

  • Un muerto no puede andar: sin sangre no hay energía, y sin energía no hay músculo.
  • Un hongo que controla el cuerpo de un animal existe, pero solo en insectos y no soporta nuestra temperatura.
  • Un virus que se contagia mordiendo y vuelve agresivo al enfermo existe: es la rabia, tiene vacuna y se propaga despacio.
  • Los parásitos que manipulan la conducta son habituales en la naturaleza. Ninguno fabrica caníbales.

La buena noticia es que no hay que prepararse para los zombis. La mala es que las cosas para las que sí conviene estar preparado —un apagón largo, una inundación, una pandemia— son bastante más probables. Por eso tenemos una sección de supervivencia que habla en serio.